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Milagros

La vida del pequeño pueblo de Esquipulas era sencilla y tranquila al igual que en los pueblos vecinos, sin embargo los pobladores de este lugar sentían una gran protección al tener con ellos, por fin, la presencia divina que los cuidaba y asistía en sus necesidades. Y sucedió que un día, perdido en el tiempo y la distancia, ocurrió el primer milagro de una serie incontable que sucederían y darían renombre a Esquipulas y en ella a su hermoso Cristo Crucificado.

"En 1603 hallábase en México un mozo español, natural de la Habana, llamado Juan García, casado, muy pobre, que vino a este Santuario en romería, y no teniendo cómo llevar un recuerdo de su visita al Señor, al pasar de regreso por el río Tepoctum, cogió tres piedrecitas que mostró a su esposa cuando llegó, diciéndole: Aquí están estas tres piedras que cogí en el río. Y desatando en seguida un paño se hallaron que eran de oro, con lo que socorrió a su familia".

Lamentablemente debido a la escasez de recursos de la época y la carencia de instrumentos técnicos para plasmar los acontecimientos sucedidos no tenemos muchos detalles de los comienzos de la devoción al que desde tiempos inmemoriales se le llamaba “El Milagroso Señor de Esquipulas”. Sí sabemos por diversas fuentes históricas que las noticias de los sucesos extraordinarios que estaban aconteciendo en Esquipulas fueron saliendo de los límites de dicho pueblo y se fueron propagando por pueblos y aldeas, incluso en la misma capital del Reino de Guatemala y en las fronteras de países vecinos. Esto provocó que debido a las noticias que llegaban de boca en boca surgiera el deseo de visitar Esquipulas y encontrar allí consuelo los afligidos, salud los enfermos y paz los corazones atribulados.

"El año de 1618 Pedro Ruiz, de la Ciudad de Granada, llegó al Santuario con veinte úlceras abiertas en una pierna, sin esperanza de remedio humano; y posteriormente ante el divino Señor Crucificado, después de una hora, halló que se le habían cerrado diez y ocho de ellas, quedándole dos solamente, que a los diez días se le cerraron quedando bueno y sano".

Así comenzó la historia de las famosas romerías o peregrinaciones a Esquipulas que han quedado profundamente grabadas en la historia de Guatemala y América Latina tanto en sus cánticos y alabados, novenas, altares, penitencias, conversiones, etc. Historias de grandes viajes pasando por incontables peligros y vicisitudes, en medio de pobrezas y abandono, tristezas y desencantos, han dado origen a la búsqueda de Dios, en la imagen de Cristo Crucificado, como fuente de paz y consuelo, meta final de toda iniciativa humana que desea y anhela un encuentro significativo que deje huella en su vida transformando su existencia y satisfaciendo sus ansias más preciadas. Esto lo encontramos reflejado, por ejemplo, en aquella hermosa poesía hecha canción compuesta por el “Cantor del Paisaje” don José Ernesto Monzón llamada “El Milagroso Señor de Esquipulas” que nos expresa así lo que significa desde tiempos inmemoriales un viaje a Esquipulas: “he venido de tierras lejanas a adorar al Señor de Esquipulas…. Toda mi alma te vengo a entregar, no te olvides mi patria y mis padres, no abandones mis hijos Señor…. Toma en cuenta que traigo de lejos mis plegarias con todo fervor… Milagroso Señor de Esquipulas por doquiera regad bendición”.

Pasaron los años. El nombre y la fe al Cristo Crucificado de Esquipulas avanzaba por valles y poblados. La noticia del poder de Dios manifestada admirablemente en dicho lugar conmovía hasta los rincones más apartados del Reino de Guatemala. Los milagros se multiplicaban y la devoción crecía cada día más, las noticias se divulgaban de boca en boca y el pueblo sencillo y sufriente de Guatemala y de naciones vecinas comenzaron a acudir cada día en número creciente a buscar la ayuda divina derramada extraordinariamente en el poblado de Esquipulas.

"En el año de 1621 un indígena llamado Juan Andrés, que tenía la pierna toda ulcerada, entró arrastrándose en la iglesia, por no poder andar y habiéndose postrado ante esta sagrada imagen, dentro de breve rato se levantó tan lleno de gozo, que en la misma capilla a vista del gran grupo de personas reunidas empezó a dar brincos saliendo bueno y sano".