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Visita de Su Santidad Juan Pablo II

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

El 6 de febrero de 1996 fue el día histórico en que Esquipulas se vistió de gala para recibir al Pastor Universal de la Iglesia, Juan Pablo II, que se sumó a la larga fila de peregrinos que a lo largo de los siglos han peregrinado al Santuario de Esquipulas. En su Homilía pronunciada en Esquipulas, en el Valle de María, lo afirmaba así él mismo Papa: “Vengo, queridos hermanos y hermanas, como peregrino a vuestro Santuario de Esquipulas ”. Dentro de las motivaciones fundamentales del viaje estaba en el corazón de Su Santidad Juan Pablo II el pedir por la paz de Guatemala. En repetidas ocasiones en años posteriores lo manifestó así el Papa, especialmente luego de la firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala el 29 de diciembre de 1996. Estos son algunos de los momentos en que expresó públicamente el Papa su intención de haber peregrinado a Esquipulas, Cuna de la Paz, a pedir al Señor el don de la paz para “el amado pueblo de Guatemala”:

“Queridos hermanos y hermanas: Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. En especial al grupo de fieles guatemaltecos en este día de la fiesta del Cristo de Esquipulas, ante cuya imagen el año pasado imploré una vez más la paz. Congratulándome con toda Guatemala por la firma del «Acuerdo de Paz Firme y Duradera», que pone fin a tantos años de guerra, deseo que esa querida Nación goce de un futuro de paz y progreso espiritual y material, en el que se vean respetados los derechos de todos y en el que cada uno pueda aportar su esfuerzo en favor del desarrollo integral, la participación social y la convivencia pacífica. Con estos deseos, imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica ”.

“Tras largas y laboriosas negociaciones, la Providencia quiso que el 29 de diciembre de aquel mismo año se firmaran los Acuerdos de paz firme y duradera, acto valiente que llenó de gran alegría y esperanza a los guatemaltecos, a la comunidad internacional y, particularmente, a esta Sede apostólica, dando gracias al Príncipe de la paz por ese don precioso, que yo mismo había ido a implorar, en particular con mi peregrinación al santuario del Cristo Negro, el Señor de Esquipulas ”.

A pesar de un frío inusual en el Valle de Esquipulas un nutrido grupo de peregrinos y feligreses de la Prelatura de Esquipulas le dieron la bienvenida al Papa Juan Pablo II quien al venir a Clausurar el Año Santo en ocasión de los 400 años de veneración al Cristo de Esquipulas reiteraba así el inmenso valor que tiene la piedad popular en los pueblos de América Latina: “¡Cuán significativo es el hecho de que las naciones de América Latina rodeen de tan gran veneración y de tanto amor la pasión de Cristo! En torno a este misterio se concentran vuestra fe y vuestra vida cristiana”.

Misa en el Valle de María, Esquipulas 6 de febrero 1996

Sin lugar a dudas el Prelado de Esquipulas, Mons. Rodolfo Quezada Toruño, el Abad Gregorio, la Comunidad Benedictina y las Comisiones organizadas para este magno acontecimiento, pusieron todos sus mejores esfuerzos para que este momento de gracia fuera totalmente una bendición para todos los asistentes. Se movilizaron esfuerzos de todo tipo, se involucraron inmensos grupos de personas y grupos laicales, se preparó un monumental Altar Papal, se compuso para dicha ocasión una Misa especial por el virtuoso sacerdote Fray Bernardino Quiñónez, etc. Todos los detalles fueron motivados por la disciplina, entrega, vitalidad y firmeza de Abad Gregorio. Los esfuerzos realizados fueron compensados con el gozo de tener en medio de Esquipulas al Vicario de Cristo en la tierra, el “dulce Cristo en la tierra”, como lo expresaba Santa Catalina de Siena, escuchar su palabra inspiradora y celebrar la Eucaristía, centro de nuestra fe y dar gracias los 400 años de devoción al Santo Cristo de Esquipulas.

En su discurso de bienvenida el Prelado de Esquipulas, Monseñor Rodolfo Quezada Toruño, agradecía al Papa Juan Pablo II el haber venido a visitar la iglesia particular más pequeña de América Latina y exhortarnos con su palabra y confirmarnos en la fe de la Iglesia del Señor:

“Le hemos esperado con gran ilusión. No podíamos pensar que Su Santidad no fuera quien clausurara con su presencia el IV Centenario de veneración de la imagen del Cristo Negro de Esquipulas. Su Santidad, desde Roma, como peregrino de la paz, se suma ahora a los millones de católicos que desde hace cuatros siglos han peregrinado a este lugar santo. Estamos conscientes que su peregrinación a Esquipulas es quizás la vista de Su Santidad a una de las Iglesias particulares más pequeñas geográficas y demográficas de Latinoamérica, y por esta razón le agradecemos aún más su disposición de estar este día entre nosotros como el peregrino de la paz en Esquipulas ”.

El mensaje papal pronunciado en Esquipulas era una reflexión sobre el misterio del dolor y sufrimiento de Jesús, el Hijo de Dios, el Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, que desde la cruz se ofrece en sacrificio al Padre:

“La verdad sobre Cristo torturado, sobre Cristo Redentor del mundo, sobre Cristo único y eterno Sacerdote de la Nueva Alianza, la profesáis con particular intensidad en este lugar, junto con y en nombre de toda la Iglesia universal. Aquí el «mysterium» del sufriente Siervo del Señor ha sido confiado, en cierta manera, a vuestra particular devoción. Se ha convertido como en un carisma particular vuestro lo que la Carta a los Hebreos dice de Cristo: «Durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen» (ib. 5, 7-9)”.

Su Santidad Juan Pablo II en Esquipulas

La visita Papal concluyó un poco de tiempo antes de lo previsto, el mal clima amenazaba con complicar el desplazamiento aéreo del Papa Juan Pablo II y en la ciudad de Guatemala habían todavía compromisos que cumplir, especialmente su participación en la Celebración de la Palabra en el Campo Marte. Por dicha razón el Papa apresuró su salida de Esquipulas y ya no pronunció un discurso preparado para la ocasión en el interior de la Basílica de Esquipulas. Transcribimos a continuación el mensaje que no pudo pronunciar Juan Pablo II en su visita a la Basílica de Esquipulas, pero que lo dejó escrito para iluminación de todos los creyentes:

“He venido a orar ante la imagen del Santo Cristo de Esquipulas. Desde hace cuatro siglos los hombres y mujeres creyentes de estas amadas tierras se han postrado, llenos de amor y confianza ante el Cristo, que el paso del tiempo y las expresiones de devoción han ennegrecido. Esta imagen, tan venerada por los guatemaltecos y los habitantes de los Países vecinos, es como una luz que nos revela el camino hacia Dios.

La Cruz de Jesús tiene un valor y un significado siempre vivo y actual, pues de ese madero brotan incesantemente para todos los frutos de la Redención. En ella están las raíces de la vida nueva a la vez que nos abre continuas esperanzas y perspectivas (cf. Ut unum sint, 1). Por eso, hemos de alimentar nuestra fe con una continua meditación del misterio redentor que se realizó de una vez para siempre en el Gólgota.

Junto a esta entrañable imagen están la Virgen María, el apóstol Juan y María Magdalena. Ellos son testigos de aquel sublime momento y nos invitan a permanecer en actitud de fe y devoción junto a la Cruz de la que nos viene la salvación.

Pido a Dios —por con la intercesión de la Virgen, que nos fue dada como Madre en el Calvario, y la de quienes han llevado a cabo su itinerario espiritual en la contemplación del misterio de la cruz—que también nosotros por la meditación frecuente de la obra de nuestra salvación, obtengamos abundantemente sus frutos. Con estos deseos, os bendigo a todos de corazón para que proclaméis ante el mundo la fuerza de la Cruz”.

…he venido a orar ante el Señor de Esquipulas…

Luego de realizar una visita privada al interior de la Basílica y postrarse ante el Milagroso Señor de Esquipulas y pedir por la paz de Guatemala, el Papa tomó unos minutos de descanso para conocer el Monasterio Benedictino de Jesucristo Crucificado. Al mismo tiempo salió a caminar por unos momentos en los jardines de la Abadía de Esquipulas y deleitarse así con las bellezas naturales de Esquipulas. Al terminar este paseo fue trasladado en el papamóvil rumbo a la pista de aviación de Esquipulas y desde allí salir rumbo a la Ciudad de Guatemala.

La visita del Peregrino de la Paz a Esquipulas quedará imborrable en el recuerdo del pueblo de Guatemala que supo reconocer como el “mensajero de paz” vino a confortar a sus hijos que todavía sufrían el flagelo de la guerra interna. Así lo expresaba el mismo Papa durante la Audiencia General en Roma unas semanas después de su viaje a Guatemala:

“Recogiéndome en oración a los pies del Crucifijo, pude hacer mía la invocación de millones de pobres de América Latina, crucificados a causa de la injusticia humana. Pude compartir la especial devoción de esas poblaciones por la pasión de Cristo y su inquebrantable esperanza”.